Uma historia que eu publiquei há tempos

Posted by tarrask on October 29, 2012 · 12 mins read

É a segunda vez que publico esta história, mas a primeira foi

em meu outro blog, e até hoje recebo algumas visitas, e talvez os comentários mais agridoces de todos os tempos.

Deixo aqui no Qualquer coisa de triste porque tem mais a ver, e aproveito para publicar o resto da série.

Iratxe

Wise men say only fools rush in
But I can’t help falling in love with you
Shall I stay
Would it be a sin
If I can’t help falling in love with you
Elvis Presley, I can’t help falling in love

Eu não falo a sua língua, so please don’t let me be misunderstood. Perdona el portuñol mal escrito. Alguna buena alma un día me comprenderá y pondrá todos esos textos en tu idioma.

Ahora, todo se queda un poco más translúcido, con bajo contraste, medio gris. Es porque el invierno es la época en que se muere el mundo. La realidad se va pudriendo hasta que se acaba, desaparece en la nada. Aquí, a nuestro alrededor, poco hay, excepto por la belleza de asistir a un final más. Menos mal que llegué a tiempo.

Acabo de llegar de lejos y te quiero contar una historia. ¿Puedo sentarme? Pagaré tu tiempo con una historia. Es un precio muy caro, soy tímido y me da miedo hablar en público. Pero, ando un poco suicida, así que aunque me duela, te la contaré.

Si es real o solamente otra invención, no te lo puedo confirmar. Tendrás que creerme o desacreditarme por lo que digo.

Necesitamos descansar un poco, antes de que yo me vaya otra vez, o de que tengas energía para atacarme y abofetearme la cara de nuevo. Mañana seguiremos, pase lo que pase. Vamos, descansa, que estás segura, y luego seguimos.

Es una historia corta, como una fiesta. Un dulce baile de matices del que cualquiera desearía ser protagonista. Es la historia de mi vida.

He cruzado algunos mares, pasado por muchas ciudades y visto mucha gente en todo ese mundo para encontrarte a ti, Iratxe. Y mi camino todavía no ha acabado, seguirá mientras tenga sangre en las venas y esta curiosidad que me consume las entrañas. Tengo asunto para varios días, así que, si quieres seguir escuchando, anda a mi lado mientras quieras. La estrada es infinita. Pero, de momento, nos sentamos para un café, negro y amargo como la vida. Quedamos y miramos la doble luna. Mañana, cuando venga el sol, decidiremos nuestro camino. Mientras tanto, te cuento mi historia.

Mi voz tiembla un poco, tu rostro me parece borroso a veces, tu sonrisa es surreal. No sé exactamente lo que hago.

Mi vida es un cuento. No de hadas, que no existen, pero llena de musas, monstruos y fieles compañeros de jornada. Vengo de otro mundo, de otra era. Soy el alienigena, voy de galaxia en galaxia haciendo autoestop, hasta que me encuentre a mi mismo. Y en esa busca llegué hasta aquí y te encontré.

Me amenazaste, pensé que me ibas a atacar. Ai, se sêsse.

“Aún te voy a derrotar.” – me dijiste

“Ojalá lo consigas.” – te conteste, serio y casi triste.

Y me atacaste. Todos tus golpes, tus recuos, miedos, avances. Los vi uno a uno. Me defendí de algunos, recibí puñetazos, me rasgaste con tus uñas y me mordiste. Mi defensa fue no hacer nada.

¿Sabes la impresión de ver pasar tu vida en una película, que alguien cuente a otros lo que has hecho, que eres un personaje en una historia más grande? Como si el mundo fuera un sueño, y yo acabara de despertar. Me vi en medio de la lucha, dos millones de personas alrededor, ansiosas, esperando el resultado de la batalla que librábamos, esperando descubrir el destino del universo, que dependía de nosotros en aquél momento.

Poseída por Satanás, dueña de un instinto fatal, sentada en el suelo y pensando en mil maneras de ser mala conmigo y matarme. Iratxe, no necesito defenderme. Tu torpeza natural de mala anfitriona te quita las fuerzas, y puedo leer en tus ojos tus próximos golpes, como si estuviesen grabados a fuego sobre madera. No me puedes causar daño. Soy inmune al dolor.

Ya sabías que yo venía. Estabas ansiosa antes de que llegara yo, no sabia que iba a pasar. Ensayaste la llegada del invasor varias veces, pero no esperaste que fuese ser así. Estoy aquí físicamente por primera vez, pero en tu cabeza ya había estado antes. No tengo ningún factor sorpresa. Tú sí que tienes ventaja en la lucha. Pero yo no puedo perder.

El combate acaba. Te cansaste. Como fuiste tú la que empezó, eres la derrotada, y te ruego que te sientes y escuches. En cuanto acabe la noche, me iré. Mientras tanto, te hablaré de mi y de tu tierra.

Todo es ilusión. Eres de aquí al igual que eres de allí. Tus raíces son tus memorias, y esas son como plaga, nacen en cualquier lugar y siempre vuelven cuando no las quieres más.

La lengua de esa tierra es un gran misterio. Tu nombre, Iratxe, incomprensible. ¿De dónde viene? Seguramente, del mismo agujero negro del fondo de tus ojos. De la nada primordial que nos crea a todos, y que al final nos devorará. No los puedo descifrar, y por lo tanto, tampoco puedo parar de intentarlo. Es como resolver un rompecabezas, un enigma de estos que te consumen el cerebro hasta que lo acabas.

Soy un veterano que huye de una guerra. Para ser más específico, veterano de una guerra perdida. Una masacre total, llena de sangre y trozos de corazones rotos en el suelo. Ahora, huir es lo que nos queda. O, si fuera honrado, me rasgaría la tripa en un harakiri. No lo soy. No soy samurai, soy un simple bardo.

Después de ver a su ¿Rey? caído, los ejércitos destruidos y no tener ninguna esperanza más de futuro, uno se vuelve más escéptico, y también tranquilo. La tranquilidad existe solamente en los corazones que no pueden perder. Los únicos que son tranquilos son los dioses y los más miserables de los humanos. Las cicatrices que llevo en la piel y aquí dentro pueden probarlo. Yo no soy Dios. Y me enorgullezco de cada una de ellas.

Sabes, al final, nosotros bardos luchamos mal porque pensamos mucho cuándo estamos en el medio de la batalla. Los grandes guerreros entran en la batalla, gritan algo para Apolo o para Afrodita, y empiezan a romper cabezas y corazones. Yo avanzo, saco mi espada, pienso un poco, reculo, defiendo, ataco, repienso, tengo miedo, pienso en entregarme, recuerdo la vergüenza de desistir, ataco otra vez, acierto, creo que voy a perder, pienso en una historia que he leído que se parecía a esa lucha, ataco otra vez, me canso, respiro, inspiro, suspiro, hasta que me caigo y gano la lucha, al ser derrotado.

Demasiada reflexión no puede ser buena. Las batallas se pierden por rallarse demasiado. ¿Por qué pensamos tanto antes de dar el golpe fatal? Si fuera inteligente, yo encontraría la solución para ese misterio, y lo vendería al mundo por veinte kilos de oro.

Bueno, dejemos mis ralladas y sigo con la historia. Cuando perdí mi última batalla, la gran lección fue que, para seguir sintiéndome vivo después, tendría que buscar una aún más grande, más difícil, cuya derrota fuera aún más espectacular, olímpica. Porque descubrí, Iratxe, que no perdí. En verdad, es la batalla la que nos hace sentir vivos. Adrenalina. Sangre. Y el cafuné de la victoria. El cariño ofegante que recibes cuando no hay más nada que hacer.

Ahora, no estoy atado a ninguna causa, a ningún Rey, a ninguna patria. Sigo luchando por el placer de luchar, busco el combate como quién busca la vida, o como quién busca la muerte combatiendo. Cuándo te dije que estaba un poco suicida, era verdad. No me interesa que haya un mañana si hay sangre hoy. Yo quiero prenderle fuego al mar para comer pescado frito, como dicen allá donde he nacido.

¿Tienes sueño? Antes eras hiperactiva. Pues duermete, niña, que te vigilo para que no tengas pesadillas. Camões dijo que “amar é servir a quem vence o vencedor, é manter por quem nos mata lealdade”. Lo siento, eso sólo me parece bonito en portugués.

El buen guerrero ama la lucha, y sigue amando el placer de luchar. Y aunque pierda, gana. ¿Te da miedo luchar? ¿Te da miedo seguir una bandera? Pues no la sigas, Iratxe. Mi bandera es la de los que no tienen grilletes, ni quieren imponérselos a nadie. Mi camino es tuerto, y no voy  a pedir que me sigas. No quiero sentirme responsable de acabar con tu paz. Si vis pacen, para bellum.

Tu espalda duele, te levantas, sucia de arena y polvo. Tienes sueño, te cansaste de mi historia, ¿no?. Pues ya es hora de que empieces tu jornada, que desistas de combatir, de que me des la espalda y te vayas. Entonces no habrá más que hacer. Lleva tu corazón más grande de lo normal contigo, que un día él te dará las fuerzas para ganar una batalla.

Yo voy caminando, despacio, saboreando cada paso, sintiéndome vivo por ser capaz de seguir. Y a cada tantos pasos miro hacia tras. Espero verte, corriendo hacia mi. Pero no lo haces. Vuelvo a caminar.  Cada vez tardo un poco más en mirarte. Tengo miedo de que un día no mire, se me olvide el ruido de tus pasos, que el silencio nos aparte. Pero todo lo que se acaba, empieza otra vez, infinitamente, infinitamente.

cafuné (port): palabra de origen africana, significa acariñar la cabeza de alquién.

Amar é…: Parte de un soneto de Luís de Camões, traducido: amar es servir a quien vence el vencedor, es mantener por quien nos mata lealtad.